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Asociación de la Medalla Milagrosa
Spanish April Healing Letter 2018


Hoy quiero hablarle de la necesidad de sanación que todos conocemos. Sé que hay familias que con ternura y perseverancia acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o con discapacidades graves. Y la Iglesia nos pide recurrir a María, la madre de los enfermos, que está siempre presente en la enfermedad, contemplándonos con la misma mirada de ternura y compasión que Nuestro Señor Jesús.

María vivió en carne propia los más intensos dolores al cumplirse la profecía de que una espada la atravesaría el corazón; la espada que sufrió al pie de la cruz. En estos momentos de inmenso dolor, María nos ayuda a comprender tres importantes verdades:

El sufrimiento no nos aleja de Jesús, sino que nos acerca más a él. Cuando visito a los enfermos, muchas veces me dicen que se sienten abandonados por Dios. Y yo les recuerdo que Jesús mismo se sintió así cuando dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Pero también pronuncia esta frase justo antes de morir: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Esta imagen de sufrimiento está grabada en la Medalla Milagrosa, que muestra el corazón de María atravesado por una espada al lado del corazón de Jesús coronado de espinas. Que la Medalla Milagrosa nos recuerde siempre que Jesús y María están con nosotros.

El sufrimiento puede convertirse en esperanza para los demás. El sufrimiento de Jesús hubiera sido suficiente para redimir el mundo entero. Sin embargo, él llama a que los miembros de su Cuerpo Místico que sufren, conviertan su dolor en amor, especialmente hacia sus familias. Una vez tuve la oportunidad de dar la comunión a una señora a quien le habían amputado los brazos y las piernas. Le pregunté si los días no se la hacían demasiado largos. A lo que contestó: “No, no son tan largos como para no poder hacer oración por mi familia y mis amigos”.

El sufrimiento nos ayuda a crecer en santidad. En el Huerto de Getsemaní, en medio del mayor sufrimiento, Jesús acepta el plan del Padre cuando exclama: “que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Aceptar las tribulaciones con fe nos ayuda a sobrellevarlas sabiendo que Dios no nos desampara. En una ocasión visité a una religiosa que, a pesar de estar gravemente enferma, me saludó con gran alegría. “Hermana, que feliz y contenta está usted”, le dije. Ella me contestó: “Sí, aquí todo el mundo es muy amable y me ayuda mucho. Dios es muy bueno conmigo”.

Que gran regalo tenemos en nuestra fe. Que hermosa compañía la de Jesús y María que no nos desamparan.

Hoy quiero compartir con usted una bella Tarjeta de misas de Sanación. Si hay alguien en su vida que esté sufriendo, ya sea por un accidente o enfermedad; que esté deprimido por problemas espirituales o emocionales, esta Tarjeta de misas de Sanación puede ser un regalo que le devuelva la esperanza.

Envíe la tarjeta a su ser querido escribiendo en nombre de la persona en ella. Incluya el certificado de veladoras en la tarjeta si desea encender una veladora por su salud, y luego envíeles la tarjeta en el sobre en blanco. Después envíenos el nombre de esta persona para recordarla en nuestras misas y oraciones de sanación.

Su apoyo, económico y en oración, hace posible que podamos seguir promoviendo la devoción a la Virgen María y es una bendición para los ministerios Vicentinos entre los pobres. Gracias por cualquier ofrenda que pueda compartir con nosotros en este momento.

Qué nuestra oración a la Madre del Señor nos junte en una súplica insistente, para que cada hijo de Dios tenga la salud y el bienestar que busca en oración.

Siempre con la Virgen María,
Rev. Prudencio Rodríguez de Yurre, C.M.
Director Espiritual

P.D. Por favor comparta esta tarjeta de sanación con un ser querido enfermo. Envíeme el nombre de esta persona y sus peticiones para recordarlos en nuestras misas y oraciones. Dios le bendiga y María Santísima, madre de los enfermos, le acompañe siempre.